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 ¿Me siento ofendida he encontrado a mi marido masturbándose a escondidas que actitud debo tomar?

Es muy frecuente encontrar mujeres que se molestan, se enojan y hasta se ofenden cuando se dan cuenta que su pareja se masturba en la intimidad o a escondidas.

Está quizás asociado al mito que un hombre casado, como tiene relaciones sexuales “no debe masturbarse”
Pero analicemos un poco que es lo que hay detrás de ello.

Por parte de la mujer, una asociación con el hecho de que quizás ya no me quiera, o no soy suficientemente buena en la cama, o no soy capaz ya de despertar su deseo sexual, afloran sentimientos de inseguridad, los cuales se ven agravados cuando la actividad sexual de pareja es poca o casi nula.

Haber descubierto que su pareja se masturba les produce sorpresa, insatisfacción y frustración, pues la mujer entiende que el prefiere masturbarse y estar solo, que tener relaciones sexuales y estar con ella, en ocasiones es casi como si se sintieran traicionadas equiparándolo muchas veces a una infidelidad.

Lo cual es agravado, si el hecho está acompañado de ver pornografía, no importa el medio que se utilice para hacerlo.

La mujer se siente desplazada, como si es como si el prefiriera todas estas mujeres que despiertan su interés y ella entonces ya no es objeto de su despertar sexual.

En muchos casos ella se siente ofendida, traicionada y esto es solo un motivo para un pleito de pareja, donde incluso se exige al hombre que no lo vuelva a hacer, e incluso el se ve obligado a pedir disculpas por lo que hizo, y a prometer no volverlo a hacer
Es importante entender que la realidad está lejos de todo esto,
la masturbación no es otra cosa que la cantidad de sensaciones placenteras y agradables que produce la estimulación propia del órgano sexual.

La masturbación ocurre tanto en hombres como en mujeres, no importa que estén solteros o casados, aunque si es de esperar una disminución en la masturbación cuando se casan, ella no desaparece por completo, por que las sensaciones que obtienen los hombres tanto como las mujeres cuando se masturban solos es completamente diferente a la sensación que se obtiene cuando se lleva a cabo cualquier relación sexual, bien sea anal oral o vaginal

Aunque inicialmente el término de la masturbación se conocía cuando la persona misma estimulaba sus órganos sexuales, hoy en día se habla de masturbación también cuando es la pareja la que estimula los órganos genitales de su compañero, bien sea que se efectúe de uno de los miembros de la pareja hacia el otro, o por que cada quien masturbe a su pareja, mientras es masturbado por el otro.

En ambos casos el tipo de sensaciones que se sienten es completamente diferente a cuando la estimulación es propia.

En la mayoría de los casos también la mujer casada se masturba a sí misma, independientemente de lo satisfactorias o no que puedan resultar las relaciones sexuales o la masturbación que es ejercida por la pareja, por que de igual manera que en el hombre, las sensaciones, los puntos y la forma como ella se acaricia es completamente diferente a cuando lo hace su pareja.

Los efectos son placenteros y agradables, se presentan indistintamente en hombres y mujeres, sin importar su estatus de “casado” por lo cual hablar de que el hombre casado no se masturba es solo un mito, que lejos tiene que ver con la realidad.

Contrariamente al caso anterior encontramos los que para la pareja es sumamente excitante, y agradable ver o encontrar el compañero excitándose, y entrar en su juego y llegar hasta donde la fantasía nos lleve y nos permita.

La mentalidad con que enfrentemos este tipo de cosas, debe ser abierta y de entendimiento.

Esta en nuestras manos decidir si deseamos o no compartir estos momentos con ellos o no, pero en todo caso indignarnos y ofendernos no nos llevará a ninguna parte, por que de hecho.

Debemos comprender que ocurre simplemente por que es agradable, por que es un comportamiento natural, placentero y normal.

Y en cuanto a la pornografía, de hecho hay parejas que disfrutan de ver este tipo de películas juntos solo corresponde a una fantasía por parte de uno de los miembros de la pareja

Es importante tener en cuenta que las fantasías, fantasías son, si es bien cierto que a veces reavivan la relación y son gratificantes, y pueden aportar mucho en torno a la relación, lo importante es que después de realizarlas te sientas bien contigo mismo con tu pareja, y se puedan como quien dice mirar nuevamente las caras sin sentir vergüenza.

fuente: http://www.atraigaelexito.com/

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Mi marido no me desea, pero para él todo está bien: ¿de quién es el problema?

Él me ama mucho, nos llevamos muy bien y queremos pasar juntos el resto de nuestra vida, pero … Antes hacíamos el amor todos los días y a veces más, pero ahora ……. Lo tenemos todo para ser felices, somos jóvenes, nos gustan nuestros trabajos, no tenemos apuros económicos ni otro tipo de preocupaciones, podemosviajar porque todavía no tenemos hijos, pero …. Todo bien, salvo que él no me desea y que no reconoce que tiene un problema, así que no quiere ir adonde un especialista.

 

Si es la mujer quien nos viene a consultar porque considera que su pareja sufre de una seria disminución de deseo sexual: ¿de quién es el problema?  

Esta pregunta que parece tan simple implica otra serie de interrogantes muy difíciles de responder respecto al deseo sexual humano: ¿qué es lo natural, cuánto es lo normal, quién está “mal” o “equivocado”; o bien, solo son diferencias en el grado de deseo sexual? ¿Cómo saber si se trata de DSH? y, de ser así, ¿cuáles serían sus causas?. La ausencia de deseo: ¿a cuál subtipo corresponde, se presenta ante cualquier mujer y en todo momento, inclusive cuando se masturba; o bien, aparece exclusivamente ante su pareja estable? ¿Acarrea consecuencias para el hombre y/o para ella y/o para la relación?. Aunque no haya deseo: ¿es conveniente ceder y cuánto en pro del otro o de la relación?. ¿Compete solo al varón o bien éste carga el síntoma de un sistema de pareja disfuncional y/o de un sistema sociocultural “disfuncional”?

 

Al final de cuentas: ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de un problema, qué es un problema, tiene solución? Y, ¿de quién es el problema: del que consulta, de su pareja o de la relación? Más importante aún: ¿por qué él no consulta: porque NO lo vive como un problema (egosintónico) y/o cree que el problema lo tiene ella; o bien, siente que “algo anda mal” (egodistónico), pero no quiere reconocerlo ante ella? No admite que sea un problema, pero ¿SI quiere que algo cambie?. ¿Estima que su falta de deseo no afecta a la relación o teme por su futuro – justamente – si van a terapia? ¿Sospecha qué es lo que le (les) está pasando o realmente no sabe?

Y qué pasa con ella: ¿Considera que tiene la culpa y que es ella la que está fallando en algo; o bien, supone que el problema es sólo de él y que ella no ha influido ni en el desencadenamiento ni tampoco en la mantención del problema? Si fuese así: ¿está dispuesta a asistir a una terapia o solo lo haría para “ayudarlo” a él? ¿Y si es ella la que se niega a participar? ¿Se puede intervenir terapéuticamente si él o ella no asisten a las sesiones? ¿Quién es – por último – nuestro paciente: el que consulta, el que no asiste, la relación de pareja o los tres?

Las anteriores son solo algunas de las tantas complejas interrogantes cuyas respuestas, no solamente no pueden ser definitivas, sino que rebasarían los objetivos de este artículo. Cabe señalar que las dificultades asociadas al deseo sexual son uno de los dilemas más escurridizos y desafiantes para la sexología moderna, tanto respecto a su diagnóstico, etiología, terapéutica e incidencia como concerniente a su misma definición, coexistiendo diversas conceptualizaciones teóricas – con escasos datos científicos que las respalden – que generan diferentes interpretaciones acerca de la naturaleza del deseo sexual.

Una de las primeras preguntas que deberíamos contestar – en conjunto con los pacientes – es si se trata de una queja, de un problema o de una disfunción sexual. Si los inconvenientes son transientes, probablemente estemos ante una queja producto de alguna situación puntual, la cual comúnmente remite sin intervención terapéutica. Si, por el contrario, son de larga data y ambos concuerdan en que afectan a la relación, estaríamos ante un problema, dentro de los cuales el más común son aquellas discrepancias en el deseo sexual (discronaxias sexuales) que van más allá de los típicos altibajos propios de cualquier relación de largo plazo. En estos casos, podría ser recomendable una breve intervención terapéutica con la pareja. 

Finalmente, las disfunciones sexuales serían más severas, indudablemente persistentes y cumplen con criterios diagnóstico preestablecidos, requiriendo frecuentemente algún tratamiento. No obstante, nos topamos con una serie de obstáculos que dificultan este proceso diagnóstico. En general, en el ámbito de la sexualidad, como toda conducta se produce dentro de un contexto, es muy engorroso delimitar lo que es natural, normal o patológico, no existiendo ningún elemento aislado ni suficiente que lo defina como tal, sino que depende de la combinación de variadas condiciones de la persona y del sistema de pareja. Específicamente, concerniente al deseo sexual, dado su alta subjetividad coligada a la motivación y a otras emociones, dicha delimitación es aun más incierta y no se puede precisar un nivel universal estimado como “normal”.

Si la conducta sexual humana representa una intrincada interacción entre factores biológicos, psicológicos, relacionales y socioculturales, una disfunción sería necesariamente un trastorno muy complejo y multicausado. En el caso de los desórdenes del deseo sexual, existe consenso en que su análisis y evaluación es más arduo que en las otras disfunciones, partiendo por las falencias en los criterios diagnósticos de los manuales de salud mental (DSM y CIE), cuyas imprecisiones solo permitirían un diagnóstico bastante arbitrario. Dichas falencias obstaculizan el distinguir entre una dificultad sexual menor manifestada por una persona individual como una queja y la presencia de problemas más serios asumidas como tal por la pareja.

Habitualmente, una disfunción sexual se determina de acuerdo con promedios estadísticos y evaluaciones subjetivas tanto de la persona supuestamente sintomática como de su pareja. En el DSM se define al DSH como una inhibición persistente y recurrente de la libido, ocasionando que disminuya la frecuencia de los encuentros sexuales. Empero, no se clarifica a qué se refieren con “persistente” o “recurrente” y tampoco toman en cuenta que se puede tener actividad sexual aunque no haya deseo.

En cuanto a lo subjetivo, tradicionalmente en el proceso diagnóstico se indaga si hay efectos sobre la relación de pareja y si el hombre vive su sexualidad como adecuada, suficiente y gratificante o si, por el contrario, se siente insatisfecho con su funcionamiento, quisiera tener más deseo pero no siente las ganas. En el fondo, si considera que “algo no anda bien” y quisiese que algo cambiase, entonces estaríamos ante un problema. En estos relativistas tiempos posmodernos lo “normal” o el “problema” es más provechoso que lo validen la o las personas subjetivamente, en vez de que sea una etiqueta impuesta desde afuera por un “experto”.

En aquellos casos en que el hombre insistiese en que, aunque reconoce su falta de deseo sexual, para él no es un problema y por tanto se niega a asistir a una terapia: ¿de quién es el problema?. Desde una mirada sistémica, quien se queja es quien tiene el problema y quien tendría que solucionarlo.

Ahora bien, si se ha concluido que estamos ante un problema, surge la siguiente interrogante: las dificultades sexuales son un problema de la persona individual o de la relación de pareja? Ya en los años setenta, uno de los tantos aportes de Masters y Johnson – padres de la sexología moderna – fue establecer que las disfunciones sexuales deben considerarse casi siempre como problemas de pareja.

Por último, ¿qué sucede si alguno de los dos no está dispuesto a participar en una terapia? Si consideramos que la pareja conforma un sistema, entonces cuando algo cambia en uno de sus miembros, inevitablemente influirá en el otro y, por ende, en la relación. Por lo tanto, aunque obviamente no sea la opción ideal, teóricamente es factible modificar el sistema mediante la intervención con uno solo de sus miembros.  

fuente:  http://blogalejandragodoyh.bligoo.com/

¿Existe la infidelidad emocional?

Solemos asociar la palabra infidelidad con el hecho de que nuestra pareja tenga un contacto sexual con otra persona, pero desde hace ya un tiempo se empieza a hablar de otro tipo de infidelidad, la llamada Infidelidad Emocional.

¿QUÉ ES LA INFIDELIDAD EMOCIONAL?

Según el psicólogo Giorgio Agostini, se trata de “una especie de infidelidad platónica, en la cual se siente que el compromiso de comunicación se da con otra persona y no con su pareja”. De repente nos descubrimos dentro de una complementariedad de pensamiento y sentir, con alguien que no es la persona con la que compartimos la vida.

 No acabo de estar muy de acuerdo con el término infidelidad, más bien se trataría de un problema de incomunicación en la pareja. Una incomunicación mal gestionada que al final hace que se busque cierta vía de escape con personas afines a nosotros mismos. Por tanto la solución a este malestar no estaría tanto en reprochar la conducta de tener una buena relación con otra persona por la que se podría sentir atraída, sino en sentarse a hablar y estudiar por qué en la nuestra eso no sucede.

El amor no es posesión, es libertad, confianza y entendimiento.

¿TÚ QUÉ OPINAS?

CIARA MOLINA
Psicóloga Emocional

 

10 razones por las que no debes revisarle el celular a tu pareja

Algo que es muy común en nosotras las mujeres es esperar que nuestro novio se descuide y revisarle el teléfono a ver que le conseguimos, mientras más celosas y controladoras seamos, con mayor frecuencia lo haremos.

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Es más, es posible que hasta le obliguemos a enseñarnos el teléfono y que nos de las claves de sus redes sociales para estar segura que no anda haciendo nada malo por ahí, pero la verdad es que hacer esto no es sano, cada miembro de la pareja merece y necesita su propio espacio personal y una relación se basa en la confianza y el respeto mutuo, por lo tanto las siguientes son diez razones por las que revisarle el celular a tu novio (o a tu novia) es un terrible error:

· Lo primero es vencer la ansiedad y el respecto a la posible pérdida de la persona amada.

· No buscar lo que no se le da perdido porque la o el busca encuentra.

· El engaño suele suceder cuando ya no estás contenta con tu pareja, y esto te lleva a mirar para otro lado.

· El tónico infalible para los celos es: aprende a ser feliz y a sentirte admirada y amada por lo que eres.

· Es falta de respeto invadir la privacidad de tu pareja.

· Aunque no encuentres nada, vas a tener “una razón válida” para enojarte con él, o eso te dices a ti misma.

· Entre las relaciones amorosas suele escucharse “sí dejo que salga con sus amistades sin mí, no soy una sometida o sometido, ni sufro de celos enfermizos, pero siempre estoy pendiente de lo que hace”.

· Ser transparente con tu pareja y brindarle la máxima confianza para que no te defraude.

· Ambos respetamos nuestros espacios y por lo general salimos con el mismo grupo de amigos y si no salimos juntos, ella sabe con quién estoy.

· Entre la pareja debe existir la confianza mutuamente para evitar los malos entendidos.

fuente: http://www.entiendelas.com/